IV. Resaca
Tus promesas son el vértigo Como tus palabras, la migraña. Dolor-agitación-explosión, quisiera que no me duelas, pero me quemas como ácido en el hígado. Te quiero vomitar, una y otra y otra vez. Vueltas y vueltas. Todo es tan inestable, no puedo pararme a mirarte, para Violentamente acariciarte, mientras te pierdes en un vaso de alcohol, gota a gota, este amor por ti se agota. Y no queda nada tras el corte, involuntario sangrado, dejándose fluir en lo destrozado. Ignorando los gritos del corazón herido, te desvaneces como un desconocido, mirándo hacia atrás, reconozco que ya no eres mío, porque el efecto de esta resaca, nunca acaba.