III. Evasión
Quería una razón para sentirme viva,
y desapareció.
Venía envuelta de caminos perdidos e inestabilidades
atropellándome como torbellino, ¡Ay, este amor mezquino!
Podía empeñarme al infierno, por él
pero se fue.
Él, mi rompecabezas favorito.
Flexibilizándome la burocracia que yacía en mí, pero aun
así, no le fue
suficiente.
Y huyó, como roedor por las noches.
Lo quería tanto, hasta dolerme la vida misma,
le di mi cien, él solo desdén,
yo era su dicha, él mi desidia.
Valoré más de lo que se merecía,
Muriendo conmigo, sus promesas incumplidas.
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